La intervención sobre un antiguo edificio del barrio de Salamanca de Madrid, construido en 1931, persigue dotarlo de una nueva vida, contribuyendo a la revitalización de barrio y a la preservación del patrimonio construido de la ciudad, al tiempo que se actualizan sus prestaciones y se crean nuevos espacios, de los que se beneficiarán no sólo los inquilinos de las viviendas, sino los de su entorno inmediato.
Al mismo tiempo, esta operación plantea diversos desafíos de carácter técnico. El primero de ellos pasa por reforzar los forjados existentes de vigas y viguetas metálicas, convirtiéndolos en losas mixtas, así como asegurar la seguridad estructural de los muros de carga de fábrica de ladrillo, que fueron perforados en múltiples situaciones para dotar de algo de flexibilidad a una planta formada originalmente por crujías lineales muy compartimentadas entre sí. Para conseguir esto se recurrió a refuerzos mediante mallas de fibra de vidrio y camisas de hormigón reforzado con virutas de acero. También en el apartado de estructura, se aprovechó el patio de manzana para construir un garaje de tres plantas bajo rasante que negocia los retranqueos con los vecinos, evitando proximidades que puedan provocarles daños o merma considerable de iluminación natural.
Este patio de manzana, originalmente abandonado y colonizado por vegetación incontrolada y elementos de desecho, se reconfigura como un pequeño pulmón verde para el disfrute de los usuarios de las viviendas, y al mismo tiempo mejora las vistas de los edificios circundantes. La creación de una cubierta ajardinada de hasta 90 cm de tierra vegetal permite la plantación de especies de todo tipo, incluyendo un castaño de indias que preside el espacio.
Otro reto importante fue dotar al edificio de sistemas de acondicionamiento eficientes, respetando la volumetría permitida por el planeamiento y minimizando el impacto de la maquinaria necesaria sobre el paisaje urbano y los vecinos más próximos. La utilización de sistemas de calefacción y refrigeración de baja temperatura, junto con la producción de energía mediante máquinas de aerotermia individuales, reduce el consumo de energía, permite adaptar a cada usuario las situaciones de confort deseadas, y su consideración como energía renovable, dada la elevada ratio de energía calorífica producida en relación a la energía eléctrica consumida, permite liberar la cubierta de otros sistemas, más invasivos en cuanto a superficie ocupada. De esta forma, manteniendo un faldón perimetral de teja que garantiza la integración paisajística del edificio en el barrio, el resto de la cubierta queda como espacio de disfrute de los vecinos de la última planta. Obviamente, este esfuerzo por optimizar los sistemas de instalaciones debe venir acompañado de una mejora de la envolvente del edificio, mediante la incorporación de trasdosados con aislamiento térmico y la utilización de elementos de protección solar, en algunos casos manteniendo la estética del edificio original, y en otros, como en la fachada sur, creando una nueva imagen.