(Cerrar) 9 Viviendas de protección oficial para jóvenes en hilera.

9 Viviendas de protección oficial para jóvenes en hilera.

Ubicación: Calle Victoria, s/n. Las Terreras. Lorca – Murcia
Fecha de proyecto: Viviendas: 2004-2006. Urbanización: 2006
Colaboradores en fase de proyecto: Sergio Carrillo (arquitecto coautor del proyecto), Encarni Martínez García
Fecha de ejecución: 2006-2009
Colaboradores en fase de ejecución: Sergio Carrillo (arquitecto codirector de obra), Encarni Martínez García y Juan Carlos Pérez Laserna (dirección de ejecución), Obras y Servicios Técnicos de Levante, S.A. (contratista de viviendas), Silvestre Úbeda Ruiz (contratista de la urbanización
Superficie construida: Viviendas: 1090,91 m2. Urbanización: 1422,61 m2
Fotografías: Mariano Molina

El proyecto se sitúa en un pequeño núcleo de población al norte del término municipal de Lorca (Murcia), de unos 150 habitantes, y forma parte de un conjunto de promociones desarrolladas por la empresa municipal de vivienda con el objetivo de favorecer la permanencia de los jóvenes en sus poblaciones de origen. Diseñar un proyecto de estas características nos hizo reflexionar en primer lugar sobre la idea de pertenencia a un colectivo más o menos definido – en este caso el de jóvenes de Las Terreras – manifestando al mismo tiempo la singularidad de cada uno de sus miembros.

El solar se encontraba en el borde del pueblo, y básicamente se trataba de una franja de terreno de 18 metros de ancho y unos 60 metros de largo, orientada en dirección norte-sur, y limitada en sus lados mayores por una calle de nueva creación y una rambla, al este, y un parque público al oeste.

La normativa urbanística del área obligaba a construir viviendas sin retranqueo a la calle, de manera que en lugar de disponer el espacio abierto de la casa delante y detrás de ésta, como suele ser habitual, decidimos colocarlo en paralelo. De esta forma, el solar quedó dividido en una serie de bandas transversales ocupadas y libres alternativamente. De esta forma, el conjunto se muestra a la calle y al parque con un ritmo regular que enfatiza la idea de unidad, de pertenencia al grupo.

La banda de espacio libre de cada vivienda se ve únicamente interrumpida por la sala de estar, sobre la cuál se sitúa un volumen con un tratamiento claramente diferenciado de la edificación en planta baja. Si ésta es regular, rígida, áspera y masiva, aquél es de una textura más lisa, cambiante en posición y color. Es este volumen el responsable de evidenciar la singularidad de cada vivienda.

La sala de estar que divide cada patio particular se configura como un ámbito transparente, de doble orientación, abierto en primera instancia a cada patio privado, y en segunda tanto a la calle como al parque. Se persigue difuminar los límites entre el espacio público y privado, de manera que los padres puedan observar a sus hijos mientras juegan en el parque sin necesidad de salir de casa y que la actividad cotidiana de cada vivienda trascienda sus límites generando un cierto grado de interacción entre los vecinos.

Desde el punto de vista ambiental, Las Terreras es una localidad del sureste español que obviamente tiene que defenderse fundamentalmente del rigor del verano. Pero al mismo tiempo, los inviernos no son todo lo benignos que pudiera creerse. Su situación en las estribaciones de la sierra del Cambrón, a 700 metros de altitud, hace que la nieve no sea infrecuente. Por tanto buscamos una solución constructiva capaz de aportar buen aislamiento térmico, elevada inercia térmica – puesto que se trata de viviendas de uso habitual – y sobre todo evitar la aparición de puentes térmicos. Para ello se recurrió a un cerramiento de una sola hoja de bloque de termoarcilla de 29 cm de espesor. El bloque de termoarcilla tiene una conductividad térmica igual a un tercio de las piezas de albañilería convencional, y además se utiliza en este caso en un formato mayor que el del ladrillo tradicional. El resultado es un valor global de aislamiento térmico equiparable al de un cerramiento de doble hoja cerámica (la exterior de 1 pie de espesor, esto es, 24 cm) con cámara de aire y aislamiento térmico. También son equiparables los valores de desfase y amortiguación de la onda térmica, pero con la ventaja de que al tratarse de un cerramiento monocapa, el muro de bloque de termoarcilla elimina la posibilidad de aparición de condensaciones intersticiales. Por último, la utilización de piezas especiales del sistema para la ejecución de cargaderos, encuentros con forjados, etc. prácticamente elimina la existencia de puentes térmicos. Toda la envolvente exterior de la vivienda queda forrada de elementos de termoarcilla, lo que además facilita la aplicación de un revestimiento continuo: el tradicional enfoscado a la tirolesa en planta baja y mortero monocapa en planta primera.

Cada vivienda presenta en planta baja un muro ciego orientado a sur que ha sido concebido como un acumulador de energía, que va intercambiando con el interior de la vivienda de forma gradual y retardada en el tiempo, de manera que tiende a homogeneizar las temperaturas interiores diurnas y nocturnas en torno a un valor medio adecuado durante la mayor parte del año.

Para garantizar el confort térmico se han cuidado también las ventilaciones, que pueden ser cruzadas en la mayor parte de la vivienda gracias a la disposición de huecos en ambas fachadas. Dicho sistema de ventilación natural se ve complementado por un patio estrecho que corre paralelo a la escalera de subida a planta primera. Ese patio, el llamado “jardín secreto”, es por orientación y proporción un ámbito en sombra plantado de vegetación cuya función consiste en refrescar la casa en verano por enfriamiento evaporativo, es decir, se trata de una adaptación del patio húmedo tradicional de la arquitectura mediterránea.

Además de su función como acondicionador termohigrométrico, el muro de termoarcilla también cumple una función portante desde el punto de vista estructural. En ese sentido, el espesor de 29 cm viene obligado por la condición de zona sísmica del emplazamiento, y esta circunstancia requiere también utilizar costillas de refuerzo metálicas tanto en vertical como en horizontal, y disponer los huecos de una forma muy específica. En concreto, la norma sismorresistente española limita tanto la distancia entre huecos como la distancia entre huecos y extremos de muro. En nuestro caso, en planta baja se ha procurado unificar los huecos en tiras longitudinales para cumplir con estas limitaciones, y en planta primera, para crear huecos en esquina que subrayen la liviandad de los volúmenes superiores, se ha recurrido al refuerzo con perfiles de acero.

Desde el punto de las acciones horizontales, es conveniente que todo muro de carga se encuentre arriostrado en los bordes, y por tanto se ha procurado hacer en la medida de lo posible una distribución de elementos portantes en cajas cerradas. En caso de aparecer muros aislados, por ejemplo el que separa en cada vivienda la sala de estar y la escalera de subida a planta primera, se han colocado en sus extremos elementos transversales de arriostramiento.

También desde el punto de vista sísmico son problemáticos los forjados sanitarios, ya que entre éstos y la cimentación suelen aparecer muretes de poca altura y gran rigidez, que quedan sometidos a importantes esfuerzos cortantes en caso de terremoto. Para evitar esta circunstancia se ha independizado el forjado sanitario de la estructura de muros, resolviéndolo mediante bañeras invertidas de plástico que sirven como encofrado perdido para una losa de hormigón de pequeño espesor.

El despiece de los muros de fábrica que aparece en los planos de estructura muestra hasta qué punto, a pesar de quedar oculto, éste ha sido determinante en la configuración del proyecto, en cuanto a la determinación de alturas, modulación de huecos, disposición de instalaciones de saneamiento, etc.

Por último quisiéramos decir algo de la urbanización, que a pesar de construirse simultáneamente a las viviendas, fue objeto de un proyecto independiente, y comprendía la creación de la nueva calle que da servicio a las viviendas, el muro de contención que encauza la rambla, y el acceso posterior al jardín público. Tratándose de una calle prácticamente sin tráfico rodado, hemos intentado convertirla también en un espacio de relación peatonal, limitando al mínimo el desnivel entre la calzada y la acera, dando a ésta un ancho claramente superior al necesario por uso, e incorporando vegetación que la convierta en un espacio apto para el paseo y la estancia – esto es, para la interacción entre los inquilinos de las viviendas.

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